Rasca, rasca
Subió Sofía las escaleras, despacio, despacio, cada peldaño una patria, despacio, cada esquina un universo. Subió, Sofía, despacio las escaleras. Abrió la puerta y, allí, Paco gritaba desde el sofá al árbitro hijoputa que se asomaba en el televisor. "¿Traes la cena?" "Sí, claro". "Pues arreando, que hay hambre". "Voy". "¡Coño!, quita de'nmedio".
Dejó las bolsas en el suelo de la cocina y huyó hacia el servicio. Cerró la puerta, abrió la ducha, apagó la luz. Con el agua corriendo, ella, tumbada sobre los azulejos de la pared, de nuevo soñó al acariciar sus pechos, tan despacio, con sus dedos. Sus manos acariciaron su vientre, con calma, caricias y más caricias, despacio, despacio, mojó su cuerpo el suelo más que el agua de la ducha. Despacio y con calma.
Paco volvió a gritar. "¿Qué coño haces?" "Ya voy". Preparó el bocadillo con anchoas, sabiendo que, siempre, tendría unos siglos para escapar, despacio, de la luz que parpadeaba desde el televisor.
Palabra de alabuena - 02-04-06 (21:20:32) - Comentarios (1)